Los juegos de pareja tóxicos que pueden estropear tu relación.

Compartir Noticia

Algunas dinámicas de pareja pueden resultar realmente extrañas: discutir por todo, pelear por llevar siempre la razón o incluso oponerse por sistema a todo lo que dice el otro. Este tipo de relaciones sentimentales se caracteriza, según revela la psicóloga Gema Sánchez Cuevas, por practicar a menudo los «juegos del mal amor», que no son otra cosa que, según aclara, «juegos tóxicos» repletos de comportamientos disfuncionales que llevan a la pareja a una espiral negativa de autodestrucción, incluso cuando sus miembros piensan que están haciendo lo posible por salvarla o mejorarla.

Pero lo que ocurre, tal como revela la experta, es que esas estrategias que se ponen en marcha en la pareja son precisamente las que acaban por sabotearlo todo pues descalifican y desprecian al otro y a sí mismos generando frustraciónangustiacomportamientos defensivos conflictos. «Salir de estos juegos tan dañinos resulta complicado. De alguna forma, los miembros de la pareja han aprendido a relacionarse de esta manera entre ellos aunque les genere sufrimiento», revela Sánchez Cuevas.

Uno de esos «juegos del mal amor» es competir por llevar la razón. Tal como explica la psicóloga, en esta práctica ambos miembros de la pareja se vuelven sordos hacia todo lo que tenga que ver con el otro y se sumergen en una lucha para convencerse el uno al otro que aumenta cada vez más el conflicto, llegando incluso a la descalificación. «Al final la convergencia es una utopía», comenta.

Otro posible juego tóxico es aquel en la que la pareja suele tener un estilo confrontativo, a pesar de estar de acuerdo en la mayoría de los temas. «Son las típicas situaciones en las que se habla de lo mismo, pero se discute continuamente porque siempre se oponen a lo que dice el otro», describe Gema Sánchez.

El origen de un comportamiento tóxico

La psicóloga matiza, sin embargo, que cuando hablamos de este tipo de juegos no se está diciendo que esas personas sean tóxicas, pues lo que es tóxico es su comportamiento, es decir, lo tóxico no es tanto su forma de ser, sino los comportamientos que manifiestan y que, según revela Gema Sánchez Cuevas, podrían enmascarar inseguridad baja autoestima y por eso siempre están a la defensiva.

Cuenta la experta que, en general, las personas que tienen este comportamiento han vivido o bien experiencias traumáticas, o bien ciertos conflictos internos y dificultades que les llevan a defenderse del sufrimiento sin saber bien las consecuencias de sus actos que suelen ir enfocados, precisamente, a generar lo que tanto temen: el sufrimiento.

Esto no quiere decir, según aclara, que deba justificarse ni el maltrato, ni las manipulaciones ni los chantajes. «Una cosa es una discusión porque no estamos de acuerdo y otra muy distinta es despreciar, ignorar o criticar al otro hasta destruirlo», matiza.

Por eso insiste en la necesidad de pensar en la relación y estudiar cómo estamos y cómo nos sentimos para analziar si tenemos ilusiones o si, por el contrario, el malestar domina el día a día y la relación nos pesa y además nos domina el miedo.

Señales que caracterizan una relación tóxica

La incapacidad de ser nosotros mismos es una de las señales más importantes, según la psicóloga Gema Sánchez Cuevas, pues cuando no podemos expersarnos o dejamos de lado actividades que nos gustaban, es que hay problemas en esa relación.

El aislamiento es otra de las señales. Alejarse de la familia, los amigos o los compañeros de trabajo no es un buen indicativo, porque implica exclusividad y, como explica la psicóloga, avanzamos y crecemos relacionándonos con los demás y necesitamos mantener los vínculos que nos hacen felices. «Si una persona puede ser motivo de celos o de desconfianza y hemos cortado vínculos por eso, debemos estar alerta», avisa.

Los celos extremos es un signo inequívoco de que la relación es poco saludable. Conductas de control de lo que se hace o dice, revisión de e-mails, lectura del WhatsApp, interrogatorios infinitos… son cosas que indican posesividad y desconfianza. «El amor no es cortar la salas, sino respetar y confiar», defiende Sánchez Cuevas.

El desprecio, la descalificación o los chantajes indican que no hay respeto hacia el otro y eso es fundamental en una relación de pareja. No siempre vamos a opinar como el otro, pero no por ello somos peores, sino diferentes. «Una pareja tiene que ser un compañero, tiene que ayudarnos, comprendernos, sostenernos, darnos fuezas y apoyarnos, pero no derribarnos, ni menospreciarnos», explica. Así, el amor se basa en la aceptación del otro no en la presión para que el otro sea y se comporte como deseamos.

abc.es


Compartir Noticia

Comentarios