9 Señales para ir a terapia en pareja.

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Buscar a la “media naranja”, conocerla y enamorarse para pensar luego en separarse parece hoy una secuencia común en una sociedad en la que cada pareja es un mundo.  ¿Cómo saber si ha llegado el momento de pedir ayuda a un experto antes de “tirar la toalla”?.

La psicoterapeuta y académica Cristina Rubín de Celis recomienda a las parejas que asistan a terapia psicológica antes de contraer matrimonio, como un recurso preventivo para poder modificar ciertos modelos familiares (en el caso de que hayan existido, por ejemplo, disfuncionalidades en el contexto familiar, como también en la historia personal en cuanto a parejas anteriores) para así superar posibles traumas. “Además, consultar con un psicoterapeuta familiar puede servir para orientar a la pareja de acciones para sobrellevar ciertas situaciones antes del matrimonio y como guía durante él”, añade.

“Emparejarnos es una de las expresiones más humanas que se relaciona con nuestra naturaleza profundamente social, que tiene bondades e implica conflictos, los cuales no deben ser vistos como negativos. Pero sí pueden serlo cuando no se reconocen y respetan los derechos de la otra persona”, explica la psicóloga clínica y psicoterapeuta de grupos Ruth Quintanilla. La también investigadora, catedrática y activista apunta que este hecho puede ocurrir no sólo por ser egocéntricos y territoriales, sino también por la organización social con desigualdades y modelos que valoran las posesiones en cada seno familiar.

¿RELACIONES DE PODER?

Quintanilla sostiene que en el día a día de cada pareja “se juega el poder”, relacionado a las creencias sobre el género o sea lo que se piense sobre las mujeres y los varones y cuán importante es cada uno.  “Esta característica nos lleva a confirmar que no hay pareja sin malestar. Pero este malestar debe ser humano y no deshumanizante, esto significa que –a pesar de ser intenso– debe permitirnos desarrollarnos como personas y no reducirnos a objetos”, destaca la experta. A parte de ello, resalta también que cada persona tiene su propia brecha o su conflicto personal. 

“La brecha no la resolvemos suprimiendo al otro (física o psicológicamente) o anulándolo como persona, sino primero resolviendo nuestro propio conflicto.

CONFLICTIVIDAD

 Secundariamente, conectándonos “conflictivamente” con nuestra pareja en un marco de ética básica, que implica no hacer con el otro aquello que no quiero que me hagan y reconociéndolo como diferente y valioso”, asevera Quintanilla.

A continuación, las expertas consultadas por la revista OH! comparten algunas señales que indican que el malestar de pareja afecta de forma negativa a uno de los miembros o a ambos, de manera que se hace necesario buscar ayuda.

1 FALTA DE COMUNICACIÓN

Rubín de Celis expone que el callar las necesidades (tanto afectivas, físicas, económicas y de responsabilidad compartida), dar por entendido, subestimar al otro o no querer escucharlo, llevan a la pareja a tener problemas que pueden originar incluso la ruptura.

2 ATRAPADOS EN CÍRCULOS VICIOSOS

De acuerdo a Quintanilla, la pareja atraviesa etapas que se repiten, desde momentos de tensión que los llevan a confrontarse o discutir sobre un tema (por ejemplo, el manejo del dinero) en una escalada de ataques (verbales, físicos o ambos) de manera muy peligrosa. “Uno se pone en posición baja. Por ejemplo, pide perdón, pero sin tocar los problemas de fondo. Dando lugar a una pausa en la confrontación, durante la cual la pareja vive la ilusión de haber resuelto sus conflictos, hasta que las tensiones vuelven a acumularse dando lugar a otro ciclo de confrontaciones”, explica la experta.

3 SENTIMIENTO DE SUPERIORIDAD

Quintanilla asegura que para lograr esa posición la persona anula o reduce a su pareja a través de conductas que la denigran y atentan contra sus derechos. Por ejemplo, aislándola gradualmente de sus redes de apoyo social (familia y amigos), manipulándola emocionalmente, dejando de hablarle, privándola de recursos como los económicos o afectivos, insultándola y calificándola con adjetivos negativos que afectan su autoestima y autoconcepto, entre otras formas. 

“Se trata de un tipo de violencia sutil que ocurre en espacios privados, sin pausa y silenciosa. De manera que el entorno no se percata y, por el contrario, puede ser percibida como una buena pareja”, asegura la especialista. Recalca que este tipo de violencia tiene graves consecuencias psicológicas, que van desde daños emocionales severos para la víctima (estados depresivos y ansiosos) hasta provocar verdaderos trastornos de identidad.

Rubín de Celis adiciona que si bien, generalmente, existen imposiciones de una de las partes o de ambos sobre formas de convivencia, reglas, administración de recursos y tiempo, el “juego de poder” también puede extenderse más allá de la pareja, debido a la intromisión de una de las familias.

4 DEFECTOS DE PERSONALIDAD

Quintanilla manifiesta que estos pueden expresarse mediante episodios de ira, agresiones físicas y/o verbales cuando no obtienen lo que quieren o bien sometiendo a la otra persona a una guerra de frialdad e indiferencia. “Ambos suelen justificarlos y naturalizarlos con el argumento de ‘tiene mal carácter’, explicación que expresa una tolerancia cultural en el caso de los varones y que encubre conductas violentas tipificadas como delitos por la ley social”, recalca la psicóloga clínica.  Otras señales son el abuso de alcohol o de otras sustancias, que son parte de prácticas culturales no saludables.

5 CELOS Y ACTITUD POSESIVA                 

Quintanilla apunta que estas actitudes ocasionan en el afectado dolor, miedo y tristeza profunda porque se siente ofendido injustamente, porque se angustia al sentir que no puede controlar su vida y ve coartado su derecho a sentirse libre. 

“Si bien los celos acompañan nuestras relaciones de pareja desde la infancia, porque expresan nuestro deseo de exclusividad con la persona amada, estos pueden tornarse dañinos y ser verdaderas expresiones de violencia cuando están acompañados de actitudes posesivas y desatienden los daños que producen en la otra persona”, afirma. 

Advierte que estos celos han demostrado ser verdaderos indicadores y predictores de conductas más violentas, que pueden llegar a provocar graves daños en la víctima e incluso la muerte.

6 PÉRDIDA DE CONFIANZA

“Al existir sospechas de infidelidad, incredulidad en las acciones de la pareja por mentiras descubiertas y haber tenido antecedentes de infidelidades anteriores, será necesario el apoyo psicoterapéutico para recuperar la confianza en la pareja”, aconseja Rubín de Celis.

7 SENTIRSE ESTANCADOS

De acuerdo a Quintanilla, este aspecto puede afectar a ambos miembros de la pareja o sólo a uno de ellos provocando estados de desánimo o incluso ansiedad y angustia.  “Estas experiencias se dan porque los seres humanos estamos hechos para avanzar hacia el logro de metas y sumamos a otras personas a nuestras vidas para alcanzarlas”, añade.  Ejemplifica que, al principio de la relación, la pareja da señales de que apoya la realización profesional de la otra persona. Sin embargo, durante el desarrollo de ésta ocurre lo contrario y no deja de obstaculizar su logro.

8 PROBLEMAS EN LA INTIMIDAD

“El convertir la relación íntima en rutina o la carencia de relaciones íntimas pueden convertirse en un problema crucial en la pareja. Ambos, por temor a herir o a ser malinterpretados, callan o hieren al hablar de cierta incomodidad”, asevera Rubín de Celis.  Comenta que éste es un tema con el que, a veces, la pareja sólo puede abrirse ante el psicoterapeuta que será el mediador y/o conciliador.

9 SUFRIR UN DUELO

“La pérdida de un hijo afecta a la pareja. En muchos casos el dolor que atraviesan juntos se convierte en distancia afectiva y sexual, lo que originará culpabilizaciones, reclamos y hasta decisiones de separación”, acota Rubín de Celis.


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